"Algo extraño ha ocurrido en el cine durante los últimos cincuenta años. En los viejos tiempos, un director no neccesitaba escribir el guión para ser un creador de películas. Cineastas como John Ford, Howard Hawks o John Huston no escribían los guiones y conseguían de veras ser los autores de sus películas y de su trabajo, en el sentido más amplio posible.
Hoy en día, creo que existe una verdadera diferencia entre los directores que escriben y los que no, Personas como Atom Egoyan o los hermanos Coen, por ejemplo, nunca podrían hacer las películas que hacen si no las escribieran ellos mismos. Martin Scorsese es un poco distinto. Es cierto que él no escribe, pero participa en la escritura de una forma sumamente activa y toma decisiones importantes. Por lo tanto, existe una auténtica continuidad en su obra, un auténtico equilibrio entre sus películas. Stephen Frears, en cambio, no escribe; sencillamente, transforma en películas guiones que escoge, y creo que ganaría mucho si se pusiera a escribir.
No obstante, el problema viene más de los guionistas que de los directores, Hace cincuenta años, los mejores novelistas del momento escribían guiones para Hollywood: William Faulkner, Dhashiell Hammett, Raymond Chandler, Lillian Hellman... Y creo que luchaban mucho más que los escritores de hoy en día para imponer sus ideas. Cuando leo las memorias de Anita Loos, me sorprende ver que el ingenio que empleaba para sortear las ridículas exigencias de los estudios era tan grande como el que se necesita para escribir un guión estupendo.
El problema de hoy es que los guionistas ya no parecen tener tanto valor y acaban escribiendo para agradar a los estudios y a los productores. Cuando, finalmente, el texto llega al director, ya lo ha rehecho una docena de intermediarios, todos con sus propias opiniones. No puede surgir nada original de un proceso así. Para evitarlo, muchos directores prefieren escribir ellos mismos, aunque se trata de una solución provisional. De forma ideal, un director tiene que encontrar a un guionista que sea una especia de alma gemela y mantener con él una relación parecida al matrimonio. A todas luces, sucedió así en el caso de Scorsese y Schrader en Taxi Driver. Dromaban una pareja ideal; eran lo que debería ser todo director y guionista: las dos caras de la misma moneda."
Pedro Almodóvar respondiendo a Laurent Tirard en su libro "Lecciones de cine".

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